Como ya sabíamos, aquella historia navideña transcurría a mediados de los noventa. Shakur llevaba unos meses muertos, Biggie recién enterrado y el puente había caído ya por aquella época.
En el antiguo Jack's, Paul y Auggie desconocían lo que estaban a punto de vivir: un lazarillo almorzaba junto a ellos aquel día gris.
Los sandwiches de pastrami era el plato estrella; sin embargo, no había nada como las patatas con champiñones de Simone Ortega: papas con su caldo, dos yemas de huevo, cebollino, aceite de oliva, una cucharada de vinagre, harina, limón, pimienta, cien gramos de chalotas, y medio kilo de champiñones. Ella en persona me dio el secreto, taparlas en una fuente honda con un paño tras la cocción.
Como siempre, el local estaba repleto de gente, era hora punta, el descanso del mediodía y allí estaban ellos, sentados al fondo. Fue imposible eludir la conversación.

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