El cuento de Paul acabó publicándose, una auténtica cursilería de cuento navideño. Se había olvidado de la historia de Auggie y, por supuesto, la cara b encajaría mejor como novela negra que como cuento navideño: ¿qué iban a ser de esas abuelas leyendo un cuento a sus nietos en el que una anciana fallece del susto? Sin duda, Paul se había tomado al pie de la letras hablar de tópicos, estereotipos y en la Biblia para su cuento. De Auggie no he vuelto a saber, seguramente siga vendiendo puros en Atlantic avenue. Y de mí, no hay mucho que decir, solo que si alguna vez viajas a Brooklyn, quizás necesites mis servicios.
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