viernes, 6 de mayo de 2016

El Jack's

Como ya sabíamos, aquella historia navideña transcurría a mediados de los noventa. Shakur llevaba unos meses muertos, Biggie recién enterrado y el puente había caído ya por aquella época.
En el antiguo Jack's, Paul y Auggie desconocían lo que estaban a punto de vivir: un lazarillo almorzaba junto a ellos aquel día gris.
Los sandwiches de pastrami era el plato estrella; sin embargo, no había nada como las patatas con champiñones de Simone Ortega: papas con su caldo, dos yemas de huevo, cebollino, aceite de oliva, una cucharada de vinagre, harina, limón, pimienta, cien gramos de chalotas, y medio kilo de champiñones. Ella en persona me dio el secreto, taparlas en una fuente honda con un paño tras la cocción.
Como siempre, el local estaba repleto de gente, era hora punta, el descanso del mediodía y allí estaban ellos, sentados al fondo. Fue imposible eludir la conversación.

Qué ocurrió con Robert

-Es verdad, yo era un ratero, pero ¿Qué se puede decir de ti? Yo pagué por lo mío y varios años. Ahora, lo tuyo no tiene nombre: yo robo y voy a la cárcel, en cambio, tú juegas a ser famoso por haber hecho mil fotos iguales.

Paul no cabía en su asombro, no podía ser tanta casualidad; Auggie no sabía qué decir, solo alcanzó a preguntar acerca del destino de Ethel. Realmente sabía que no llevaba muy buena vida, pero alguien que se dedicaba a robar electrodomésticos o viviese del estraperlo, qué hacía robando libros.

-Ya sé por qué encontré la casa desordenada y por qué faltaba una cámara. El dilema no fue fácil, pero al menos no la dejé morir sola. No debí entrar en el hospital, estaba plagado de agentes, y me identificaron, pero era algo que debía hacer. Pasé varios años en prisión y, aunque estuve tentado a volver a delinquir, he sabido seguir una línea recta, hasta puedo decir que tengo un buen oficio. Ahora soy taxista, de turno de noche, y este es mi desayuno.

-Yo no sabría qué decir, dijo Auggie. Cuando cogí la cámara no creí que pudiera ocurrir tal historia, pero qué le ocurrió a tu abuela exactamente, preguntó el fotógrafo.

-Guardaba objetos robados en casa y no pude cumplir con los ladrones; creían que les engañaba y entraron en la casa a la fuerza. Mi abuela no soportó el susto.

El libro

-Lo que no alcanzo a entender es por qué me robaste un libro-, dijo Auggie extrañado.
-Ethel era amante de la lectura, pero ya sabes, mi abuela era ciega. Le leía algunos fragmentos todas las noches, bueno... o en cualquier momento. Me había pedido que buscara un extraño título: El lazarillo de Tormes. Finalmente no me dio tiempo a leerlo antes de entrar en prisión, pero una vez allí comprendí que no lo quería para ella, iba destinado a mí. estoy totalmente seguro de que intuía el tipo de vida que llevaba.


Si Paul buscaba una historia navideña que le inspirase, iba a tener ración doble, o dos tazas como se suele decir hoy en día.

Cuento de navidad


El cuento de Paul acabó publicándose, una auténtica cursilería de cuento navideño. Se había olvidado de la historia de Auggie y, por supuesto, la cara b encajaría mejor como novela negra que como cuento navideño: ¿qué iban a ser de esas abuelas leyendo un cuento a sus nietos en el que una anciana fallece del susto? Sin duda, Paul se había tomado al pie de la letras hablar de tópicos, estereotipos y en la Biblia para su cuento. De Auggie no he vuelto a saber, seguramente siga vendiendo puros en Atlantic avenue. Y de mí, no hay mucho que decir, solo que si alguna vez viajas a Brooklyn, quizás necesites mis servicios.